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Amor de Aparador

Pero a que nos referimos con el “amor de aparador”, significa nuestra posición hacia las marcas con las que convivimos día a día, cuales preferimos, con cuales nos sentimos más cómodos, cuales nos identifican, cuales hacemos  parte de nuestras vidas, cuales defendemos, es así como nos enamoramos de ellas y las tenemos presentes en todo momento, conocemos sus cualidades mejor que nadie y las sentimos nuestras, además dedicamos gran parte de nuestras vidas en seleccionar las marcas que “mejor van con nosotros”  o que “necesitamos”, sin embargo no hay que olvidar que este complejo mundo de las marcas, el marketing y la publicidad están trabajando día a día para enamorarnos aún más, mantenernos cerca, cautivos y haciéndonos más leales.


Pero, ¿porque compararlo con el amor?, bueno, existen muchas similitudes en el proceso de enamoramiento y el proceso de acercamiento a la marca y finalmente la compra, cabe señalar que esta es una analogía que pienso puede ejemplificar la ruta que nos lleva hacia la selección de las mismas.

Por ejemplo cuando estamos en miras de acercarnos a una persona que nos atrae ya hemos definido bioquímicamente miles de conexiones cerebrales que determinan mis gustos en diversos sentidos, como el físico, ideológico, espiritual, social, entre otras, pues de una manera muy similar antes de “la compra de una marca” ya hemos creado un mapa mental que ha evaluado diferentes instancias de lo que la marca significa para mí y si es compatible con mi estilo de vida, si se identifica con quién yo soy; Este podría ser un ejemplo de muchos que pudiéramos utilizar sin embargo el punto más importante es cómo podemos utilizar estas eficaces herramientas en nuestras marcas para “fidelizar”,  enamorar o cautivar a los millones de posibles clientes que están allí afuera.

Como en toda relación necesitamos interactuar constantemente, compartir metas, sueños, objetivos, quizás en este punto pensemos que el fin/objetivo de “la marca” es obtener utilidades y es correcto, pero no debemos olvidar que ello deriva de la satisfacción y poder de identificación que tenemos con “las marcas”, porque no aplicar estas herramientas en nuestros entornos porque no compartimos con nuestros clientes en otros escenarios, en otros lenguajes, porque no invertimos en conocerlos, porque nos reducimos a la estrecha relación laboral, al final del camino seguimos siendo personas las que conformamos las empresas, porque no hacer nacer ese “amor de aparador”  con uno más llamativo, más personal, más “mío” seguramente más leal , legítimo y recomendable, llevar las acciones mercadológicas y publicitarias a un nivel más personal en el que los mensajes estén diseñados con bases sólidas y dirigidas a las comunidades adecuadas, de antemano conociendo que es lo que más les gusta y/o beneficia, como podemos apoyar a nuestros compradores en otros rubros que no sean necesariamente los económicos, que otras necesidades tienen , necesidades racionales, emocionales, de seguridad, de pertenencia, de autoestima, etcétera, que otras necesidades están detrás de la compra original que están haciéndonos y como puedo ayudar a satisfacerla impactando positivamente en la organización, en  branding, en la prospección, en la ventas y en el mercado.

Podríamos  preguntarnos qué es lo que ellos aman de nuestras marcas, quizás el servicio, quizás el producto, quizás el prestigio, tantos pudieran ser los tópicos como tipos de negocios, lo importante es conocer más allá de nuestro estricto giro de negocio, quizás no estamos en el negocio de las persianas,  quizás estamos en el negocio del control de  la luz y entonces nuestro enfoque comercial e incluso interno cambiaria y nuestros esfuerzos redundarán efectiva y certeramente, porque en ese punto es en donde somos mejores y únicos. Un autoanálisis profundo que nos permita conocer el corazón de nuestra organización, la esencia de nuestro negocio y así también enfocar los esfuerzos globales a un segmento más adecuado para nuestra oferta de valor, entonces podremos realmente “enamorarlos” porque estaremos en sincronía con un concepto más valioso que solo el producto o servicio.

Nos queda mucho por hacer, pero es importante conocer y analizar cómo se comporta este “amor de parador” como podemos lograr que nuestros compradores se conviertan en nuestros “enamorados”, aliados, defensores y nuestros mejores publicistas.

Escrito por:
Edward Herreño
Silverfox Estudio Creativo


Editor Invitado


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